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jueves, 10 de marzo de 2022

TRIBUTO A MARK LANEGAN, LA VOZ MÁS SUBTERRÁNEA DE SEATTLE


La vida es un proceso que puede quebrarse en cualquier instante. No importa a qué edad. De ahí que deba tener sentido. Para ello, nada mejor que dejar un legado cuando el proceso se detiene y abandonas la vida. Es lo que ocurre cuando los artistas y muchas personas expiran, marchan, pero siguen permaneciendo gracias a sus contribuciones. Como con tantos otros, es lo que ha ocurrido con Mark Lanegan, la desgarrada voz de Seattle cuya vida ha finalizado repentinamente a sus 57 años de edad. Su muerte a sobrecogido el universo del rock, pero su valiosísimo legado sigue estando entre nosotros.

Mark Lanegan nació en Ellensburg, Washington (Estados Unidos) un 25 de noviembre de 1964, el mismo año que dio luz a formaciones legendarias como Lynyrd SkynyrdThe KinksThe ByrdsThe Moody BluesAlice Cooper y The Velvet Underground. Sin duda, un año lleno de cosechas inolvidables y acontecimientos irrepetibles.

Lanegan comenzó su andadura musical en 1984 cuando decidió fundar Screaming Trees, la banda grunge formada por los hermanos Gary Lee Conner y Van Conner y Mark Pickerel como incorporación posterior. Inquieto por naturaleza, Lanegan inició, al mismo tiempo, su carrera en solitario y su primer disco, The Winding Sheet (1990), fue considerado por Dave Grohl (batería de Nirvana), como «uno de los mejores discos de todos los tiempos». Este disco contiene, asimismo, la valiosa colaboración de Kurt Cobain de Nirvana.

Dado su carácter polifacético y por encontrar nuevas formas musicales, Lanegan continuó colaborando con otros artistas, como Lead Bell (cantante de blues) y Layne Staley (Mad Season y Alice in Chains). Tras la disolución de The Screaming Tress (año 2000), Lanegan se unió a Queens of the Stone Age apareciendo en cinco de sus álbumes: Rated R (2000), Songs for the Deaf (2002), Lullabies to Paralyze (2005), Era Vulgaris (2007) y Like Clockwork (2013). Tres años más tarde (2003) decidió colaborar con The Gutter Twins, Greg Dulli (de Afghan Whigs), Isobelle Campbell (Belle y Sebastian), Melissa Auf der Maur, Martina Topley Bird, Creature with the Atom Brain, Moby, Bomb the Bass y Soulsavers.

Lanegan llegó a publicar 14 discos de estudio en solitario, siendo el primero The Winding Sheet. Posteriormente siguieron Whiskey for the Holy Ghost (1994), Scraps at Midnight (1998), I’ll Take Care of You (1999), Field Songs (2001), Bubblegum (2004), Blues Funeral (2012), Imitations (2013), Black Pudding (2013 con Duke Garwood), Phantom Radio (2014), Gargoyle (2017), With Animals /2018 con con Duke Garwood), Somedody’s Knocking (2019) y Straight Songs of Sorrow (2020). Su discografía contiene, además, varios directos, remasterizados y remixes.

Pero al margen de su trabajo como artista, la vida de Lanegan siempre estuvo repleta de agitados abismos, experiencias que dejaron una marca profunda en su estilo de música y letras. Según cuenta en su libro Sing Backwards and Weeps: «De crío era un jugador compulsivo, un alcohólico iniciado, un ladrón y un demonio de la pornografía. A los dieciocho años ya poseía un largo historial de delitos, como allanamiento de morada, robo en comercios, posesión de estupefacientes, vandalismo, fraude de seguros y 26 cargos por consumo de alcohol como menor. Quería emoción, aventura, decadencia, depravación, es decir, cualquier cosa para vivir todo».

Mark Lanegan ha abandonado esta vida hace escasos dias, dejando tras de sí un tremendo legado de discos y canciones inolvidables que nos recordarán que todavía sigue presente esa áspera y profunda voz cavernosa que surgió del corazón de Seattle, cuna de empresas como Boeing, Microsoft y Amazon y, cómo no, la metrópolis que vio nacer al grunge y a sus emblemáticas estrellas, entre ellas la de Mark Lanegan. Sigue brillando allí donde estés.

Carlos Flaqué Monllonch

Articulo completo publicado en Crazyminds

domingo, 10 de octubre de 2021

CRÍTICA DISCOGRÁFICA: "DUNE" - HANS ZIMMER

Hubo un tiempo en que los hombres dedicaban su pensamiento a las máquinas, con la esperanza de que ellas les harían libres. Pero esto solo permitió que otros hombres con
máquinas les esclavizaran

Frank Herbert (Dune, 1965)

Dune es un film dirigido por Denis Villeneuve, basado en la adaptación de la primera novela de ciencia ficción de Frank Herbert. Gracias a ella, obtuvo los premios Hugo y Nebula y el Premio Internacional de Fantasía que compartió con El señor de las moscas de William Golding. Gran parte de la obra de Herbert refleja su interés por la ecología y la psicología, entre otras disciplinas. La película ha sido definida por la gran mayoría de la crítica como uno de los mejores films de ciencia ficción realizados hasta la hecha y el blockbuster de autor más categórico de este siglo.

Literariamente hablando, cabe decir que Dune es la novela de Sci-Fi más vendida de todos los tiempos (más de 12 millones de ejemplares) y el primer libro de una larga saga que consta de 6 novelas, y cuyo orden de lectura es Dune (1965), El mesías de Dune (1969),los Hijos de Dune (1976), Dios emperador de Dune (1981), Herejes de Dune (1984) y Casa Capitular de Dune (1985), cuya totalidad conforma las llamadas Crónicas de Dune, saga considerada una referencia internacional entre los grandes clásicos del género. Dicho esto, vamos directos a la BSO del film.

La música que amalgama toda la estructura de Dune es una autentica maravilla, da soporte a toda la historia gráfica del film y genera una atmosfera tan profunda que deja al espectador completamente abducido. Fue lanzada digitalmente a través del sello discográfico Water Tower Music y contiene 22 pistas que fueron producidas mediante la tecnología Dolby Atmos Music, un revolucionario sistema sónico en 3D que permite ir más allá del film, aportando una tercera dimensión que eriza la piel de los espectadores.

Estamos pues ante un sonido que penetra a través de los sentidos, por cada poro de la piel, y se incrusta en el cerebro como los tentáculos de un pulpo con su presa. Sin duda, es una experiencia de obligada visión en pantalla grande a fin de dejarse arrastrar por su profunda inmensidad.  Pero la música global de Dune no solo abarca un álbum. De hecho, la banda sonora está disponible en tres versiones diferentes:

The Dune Sketchbook (Music from the Soundtrack): Es un trabajo que incluye las exploraciones musicales prolongadas y envolventes de la obra musical del film. Está disponible en soporte estándar y Dolby Atmos Music. Consta de solo nueve temas, pero de larga duración, repletos de efectismos, voces de ultramundo, recursos y armonías disonantes, contrapuntos, sobresaltos, notas bajas y altas, pausas y silencios, zumbidos sonoros y lejanías evolutivas, que confluyen entre sí para ir tejiendo atmosferas insólitas y opresivas. Sin duda, se trata de una arquitectura experimental más propia de otro mundo que del nuestro, y que reencarna a la perfección la esencia de la novela de Herbert. Todo el álbum es una evolución sónica que se cuece a fuego lento dentro del horno anímico del espectador hasta abrasarlo con su frenética sonoridad.

Dune (Original Motion Picture Soundtrack): Presenta la película Dune del compositor. estando disponible en configuraciones estándar y Dolby Atmos Music. Y es la banda sonora que nos ocupa aquí principalmente.

The Art and Soul of Dune: Es la música que acompaña al libro del mismo título y ofrece versiones únicas de los temas principales de la película. Zimmer las ha recopilado para acompañar al lector en su viaje a través de un libro visualmente deslumbrante escrito por la productora ejecutiva de la película, Tanya Lapointe. Está disponible en dos versiones, la estándar y la exclusiva y limitada para los más fanáticos de Dune. La versión estándar puede obtenerse en Amazon, pero la edición limitada solo se puede comprar en Insight Editions.

Dune BSO es una obra maestra que hace honor a su grandeza, 1 hora y 14 segundos de arquitectura sónica que te sumerge en una ensoñación musical y efectista que visualiza las sensaciones que producen las imágenes de las vastas dunas, las tormentas de arena, las voces misteriosas, los golpes sónicos repentinos, los gusanos colosales y las fuerzas estelares de macromagnitud inconmensurable. Para disfrutar de todo este espectáculo es imprescindible escuchar la banda sonora en equipos de alta calidad y con volumen. El cuerpo se encoge y el alma se dilata hasta límites insospechados. Analicemos a continuación los temas que configuran el álbum.

Dream of Arrakis es la pista que abre el mundo de Dune y lo hace con un sonido lejano de algo ignoto que se aproxima. De repente irrumpe una oleada frenética de tonos electrónicos y percusivos que, a modo de latidos cada vez más acelerados, terminan por evocar las sensaciones hacia un destino desconocido. Frecuencias lejanas como los aullidos de una masa gigantesca de elefantes, aúlla en el confín del planeta. A ello se le fusionan terribles voces generando una coral infernal que auspicia un mal sueño.

Herald of the change, es un tema suave que ofrece una calma engañosa. Sus notas creciendo como la raíz que emerge de las profundidades en busca de su propio resplandor de luz necesario para su supervivencia. Es el nacimiento de lo que vendrá. Poco a poco se va transformando en un planeamiento atmosférico que irradia temor y mucha inquietud.

Acto seguido, llegamos a la oscuridad de Bene Gesserit, que describe la magia negra de lo mental, de los espíritus cuya fuerza es atroz. Un ambiente denso y vaporoso en negro cae sobre el espectador y lo pone al borde del abismo. Hacia el final llega un momento que se apodera de tu corazón a causa de un tremendo sobresalto

Es el instante tenso del Gom Jabbar, el rito entre la vida y la muerte, donde la caja del dolor y una aguja de punta venenosa te fulminan si sucumbes a la prueba. Los cantos de las brujas impregnan la atmósfera e inician una invocación ancestral a las fuerzas oscuras. La piel se te pone de gallina. Son dos minutos de auténtico pavor y la música es la responsable de este tormento emocional.

Superada la prueba, aparece The One, algo así como El Elegido o el Kwisatz Haderach, el que está en todas partes, clave de la historia de Dune. Es un tema que nos devuelve la paz y la esperanza y que anuncia la posible llegada de algo profético no sin antes advertir de la aparición de muchas cosas malsanas.

De repente, llegamos a puerto con Leaving Caladan, que nos transporta a la grandiosidad elegante del planeta Caladan, hogar de los Atreides. Denota fuerza, poder, equilibrio, grandiosidad. Las percusiones y los fondos electrónicos ofrecen una cadencia brutal y nostálgica a la vez, como un éxodo que huele a traición. Es un tema muy corto pero muy poderoso.

Arrakeen es el planeta de las dunas y la especie. El tema de entrada ya genera una tremenda tensión con sus tambores y un latido de corazón que se acelera hasta fundirse en el sonido de los ornitópteros (helicópteros con forma de libélulas).

Ripples in the sand es el reflejo del puro desierto y de su dinámica, de sus ondulaciones y arena, de sus fuerzas y peligros. Cinco minutos de viaje por un entorno espeluznante, la rodeados de mística y la amenaza de monstruosos gusanos de arena. Coros, ritmos extraños, efectismo y potencia electrónica, se conjuran para generar un space amarillento, asfixiante, desolado y duro.


Visions oh Chani, es la armonía de los sueños, de lo inmaterial y etéreo, de las premoniciones, de aquello que aún no está pero que está por venir. Son las escenas donde Zendaya se configura en la mente de Paul Atreides. La música se adhiere como un gigantesco velo que navega por las lagunas del pasado y las advertencias del futuro. Momentos de ensueño, de angustia, incluso de temor. Los efectismos electrónicos se cruzan como flashes intermitentes con instrumentos de viento de madera pensativos, cuerdas suaves y algunas voces bastante misteriosas. Sin duda, un temazo.

Night on Arrakis es la llegada de la helada noche desértica. El calor duerme y el frio se adueña del ambiente. Tranquilidad absoluta, pero en el fondo late la duda y el miedo porque se avecina el mal, la destrucción empañada de conspiración traicionera.

Armada es impresionante. Anuncia acción frenética. Es la irrupción sonora que refleja el poder del Imperio, el dominio de la Cofradía Espacial, de las Casas dúnicas, de sus poderosos ejércitos y armas. Grandilocuencia por todos los costados. Naves ciclópeas y huestes omnipotentes. Es la majestuosa entrada de la malvados enemigos de los Atreides. Traición, maquinaciones, todo huele a ese grito desesperado que se alza temible bajo el sonido ensordecedor de la potencia sublime.

Burning Palms es otro temazo que contiene sonidos que enardecen el alma. Arranca con fuerza a través de metales villanos y alaridos de alarmas que dan paso a esa profundidad majestuosa de golpes mecánicos hasta llegar a un sosiego latente y maligno. Todo queda a atrapado y en suspensión hasta un nuevo alarido como un vaivén electrónico que cruza velozmente el espacio. Un tema sin duda con mucha fuerza y desgarro sonoro. El final es tremendo.

Stranded es como una pausa ante lo que va a venir, un aviso, un punto de aire y reflexión. Como su nombre indica empieza con notas bajas, en flotación ingrávida. Es como si todo hubiera quedado inmóvil, atrapado en el espacio/tiempo, sin posibilidad de desplazarse. Es un momento congelado de duda ante la gran amenaza. Huele a pugna, a enfrentamiento y al hedor de la sangre.

Blood for Blood es el punto álgido del duelo, el preliminar contra lo que va a acontecer. Al mismo tiempo refleja la compasión y la búsqueda del coraje a través de la serenidad y la invocación espiritual. Múltiples emociones se barajan hasta el estallido de la gran voz que alerta lo que va a desaparecer …

The Fall, la caída, la llegada del fin. Es un tema suave pero duro, angustioso, apesumbrado. En su trayectoria inicial se agarra a la garganta como una ventosa afilada y luego desata un sonido de profundidad cóncava mezclados con destellos de agonía coral.

Holy War es un tema precioso, con un arranque melódico de toque oriental, melancólico, pero que poco a poco evidencia su parte densa, de pérdida y recuerdo. Al mismo tiempo, desencadena una acción agresiva, con ráfagas de metales malévolos y voces de tono bajo y temperamental. Es un tema templado, motivador, que la llama a una confrontación sagrada.

Sanctuary es el lugar del reposo, de la cura y del reencuentro. Un espacio que eleva las sensaciones a través de su sonido descriptivo. Es un tema completamente místico.

Premonition se inicia con un golpe grave y un fondo de gruñidos como si una colonia de sabandijas hablara despavorida. Presagia malos augurios. Es la revelación de un hecho futuro a partir de la interpretación de ciertos indicios o señales. Los voces espirituales se irradian como una lluvia de estrellas bajo una éter caótico, inquebrantable e intenso, casi diabólico.

Llegamos a Ornithopter es una pista que estalla con un alarido potente de tambores ecográficos que se funden con una letanía coral y el ruido grave de las alas de un insecto volador. Hace referencia a los vehículos de transporte de la casa Atreides. La palabra proviene del griego «ornitos» (pájaro) y «pteron», (ala). Se trata de insecto aerodino que obtiene el empuje necesario gracias al movimiento batiente de sus alas como lo hacen las libélulas. Musicalmente ambienta un vuelo de altura, planeador, que sobrevuela las enormes extensiones desérticas, vislumbrando las cosechadoras de especie y los grandes gusanos oliéndote los pies.

Sandstorm, anuncia esa vorágine de polvo y fuerza que arrasa con todo. Son las temibles tormentas de arena donde gran cantidad de esa materia es levantada y conducida violentamente por la fuerte acción del viento, produciendo en personas y animales efectos de asfixia e hipertermia.  Es el momento donde el compás marca la búsqueda de un resguardo, de protegerse y no avanzar. El sonido 3D recrea estas sensaciones.

Tras la tormenta arenosa sobreviene Stillsuits, un regreso al sosiego para volver a la andadura a través de las dunas hasta encontrar la salida, el esperado final. Se percibe la soledad, la brisa del aire del desierto y la cálida arena bajo los pies. Es una autentica suite de paz.

Con My road leads into the desert se cierra la obra maestra de Zimmer. Es el punto final que se transforma en puntos suspensivos, porque la historia no termina aquí. Detrás de todo hay otra multidimensión que acecha con emoción y asombro, presagiando el misterio que nos espera en la segunda parte de la historia. Todo un final épico de marcados tintes orientales.

Concluyendo, estamos ante una colosal obra, única hasta el momento, con registros sónicos jamás oídos. Denis Villeneuve y Hans Zimmer hicieron toneladas de experimentos, incluso crearon instrumentos, para que el resultado sonoro fuera una música no de nuestro mundo, sino de otro tiempo, de otro planeta, porque los sonidos de Dune no podían haberse escuchado antes porque la historia de Dune acontece en un futuro donde los dispositivos para producir dichos sonidos tenían que existir en ese entorno. Como indica Denis Villeneuve en Hollywood Reporter:

Estuvimos de acuerdo en que la música tendría que tener una espiritualidad … una cualidad santificada. Algo que elevaría el alma y tendría el efecto que solo la música sacra puede lograr. Y creo que eso está firmemente presente en la partitura de Hans Zimmer. Pasó meses y meses creando nuevos instrumentos, definiendo, creando y buscando nuevos sonidos, empujando al máximo los límites.

No cabe duda de que estamos ante una arquitectura sonora sin precedentes, revulsiva, revolucionaria, donde se han inventado incluso instrumentos para adecuar la sonoridad al futuro. Eso no tiene precio. La capacidad de invención, el esfuerzo que supone, el talento que hay que arrojar para ello, las interminables horas de trabajo, son virtudes que tan solo algunos poseen.

Como comenta MundoBSOEl resultado de Dune es una obra épica, religiosa, arcaica, violenta, trágica y lírica que genera un caos de máxima inmensidad, rigor y profundidad a toda la película. Toda esta amalgama de referencias, motivos, temas, emociones, tonos y colores emprenden un viaje que arranca en la oscuridad (los primeros minutos de la película son de un fatalismo musical extraordinario) y va en busca de la luz, hacia la esperanza por la salvación. Y este es el principal cometido que tienen las músicas de Zimmer: facilitar una experiencia inaudita al público.

El gran maestro Zimmer ha sabido combinar a la perfección la profundidad emocional de la voz humana con la ansiosa intensidad de los elementos electrónicos y orquestales. No cabe duda de que él y Denis Villeneuve ganarán Óscar bien merecidos por su gran obra maestra.


Texto: Carlos Flaqué Monllonch (KarlFM)

Articulo original publicado en Crazyminds

jueves, 6 de mayo de 2021

CRÍTICA DISCOGRÁFICA: THE ANCHORESS – "THE ART OF LOSING"

Parece que la pandemia ha hecho reflexionar a artistas sobre la necesidad de componer discos catárticos, quizás porque los confinamientos alejan de la vida social y agudizan el análisis introspectivo y la autorreflexión. El proceso de permanecer aislado se percibe como una pérdida cercana y posible. Pero la vida es una larga aventura de reflexiones y aprendizajes, en lo bueno y en lo malo, y aunque nadie quiere perder, las pérdidas ofrecen importantes enseñanzas vitales. Por ejemplo, nos recuerdan que las cosas valiosas exigen compromisos rigurosos y nos obligan a identificar los espacios que hay que mejorar. 

No se puede ganar a menos que se aprenda a perder, decía Kareem Abdul-Jabbar, estrella de la NBA. Eso es precisamente lo que trata de decirnos The Anchoress, nombre simbólico de Catherine Anne Davies, en su último trabajo The Art Of Losing (El Arte de Perder). Porque perder, para ella, no significa cerrar puertas, sino abrirlas hacia nuevos senderos de juicio, crecimiento y superación.

Para Davies no ha sido nada fácil lidiar con sus disturbios vivenciales. Con el fin de lograrlo ha buscado el apoyo en la música como un arte y una habilidad para hacer bien las cosas y transformarlas. Ha comprendido que los problemas aumentan el “equipaje” emocional, y que soportar esta tremenda carga es uno de los grandes retos que tenemos como individuos. Librarse de aquello que nos daña fortalece nuestra existencia.

The Art Of Losing se inspira en eso, y para ello se inspira en una de las obras célebres de la poetisa norteamericana Elizabeth Bishop, ganadora del Premio Pulitzer de poesía en 1956: Pierde algo cada día / acepta el sobresalto de las llaves perdidas / de la hora malgastada. / No es difícil dominar el arte de perder. Son palabras que la propia Catherine Anne Davies ha tomado como referencia para la elaboración de su disco, porque comprender y racionalizar las pérdidas, porque, como las crisis, es una oportunidad para dar la vuelta al sufrimiento y evitar caer en el abismo.

The Art of Losing aparece en el mercado gracias al sello independiente Kscope, representantes también de Richard Barbieri, Lunatic Soul, Porcupine Tree, Steven Wilson, etc. The Art of Losing emerge, además, como segundo trabajo de The Anchoress. Su primer disco, Confessions of A Romance Novelist (2016), fue nombrado entre los mejores álbumes del año por The Guardian, elegido como el Álbum Galés del Año por HMV, y llegó a alcanzar el primer puesto como mejor artista debutante en los Awards PROG. Asimismo, fue nominado para el Premio de Música Galesa y consiguió el reconocimiento de artistas famosos como Peter Gabriel, David Gilmour, Toyah Wilcox, Robert Fripp, Al Murray y Robert Smith (The Cure), quien invitó personalmente a Catherine a actuar en el Meltdown Festival.

A partir de 2016, Davies permaneció alejada de la creación, salvo en trabajos colaborativos con otros autores. Con The Art of Losing se reactiva su necesidad de crear rodeándose de músicos de alto nivel. El disco cuenta con las colaboraciones de James Dean Bradfield (cantante de Manic Street Preachers) y del legendario Sterling Campbell (baterista de David Bowie y Duran Duran). En la producción del álbum están los talentos mezcladores de Dave Eringa (Manic Street Preachers) y del ganador del premio Grammy Mario McNulty (asiduo de David Bowie y Laurie Anderson).

Recordemos que Catherine Anne Davies, galesa de nacimiento, pero afincada en Reino Unido, tiene un doctorado en literatura y teoría queer por la University College London, y ha publicado un libro titulado Whitman’s Queer Children sobre poesía épica a través de Bloomsbury Publishing. Ha escrito, además, sobre el cineasta David Lynch  y ha entrevistado a Tori Amos y Manic Street Preachers para Drowned in Sound. Como influencias Davies cita a Laura Nyro, David Bowie, Tom Waits, Prince, Kate Bush, entre otros. Es una gran admiradora de Manic Street Preachers y de Simple Minds.

Muchas son las experiencias y pérdidas que Catherine Anne Davies nos cuenta en su The Art of Losing, vivencias que ella misma ha ido resistiendo a lo largo de sus años: abuso sexual y emocional, la muerte de su padre, tratamiento para un cáncer cervical, varios abortos espontáneos, su madre víctima de la demencia, rotura de un gran amor. Sufrimientos que ha ido soportando y la han llevado hacia una sublimación psicológica como única salida laxativa, a finde de superar los quebrantos y transformarlos en recuerdos más digeribles.

Muchas veces el acto de la creación lleva implícito el hecho de dejar morir lo que daña para que el dolor se transforme y renazca de manera más positiva y con mejor destino. De ahí que el artista antes de ver el fuego, necesita crear una chispa, y antes de que nazca su arte, debe estar listo para ser consumido por el fuego de su creación. Así definía el arte el famoso escultor francés Auguste Rodin.

No cabe duda de que las catorce pistas que estructuran The Art Of Losing, son un vivo testimonio de toda esta pesadumbre que define al artista atormentado, pero que a la vez busca, desde su dura erupción emocional, una resurrección perfectamente hilada para tejer un propósito coherente en el centro del tormento y dar un sentido compensatorio a las violencias vividas: ¿Había algún propósito para perder la cabeza? ¿Qué aprendiste cuando la vida era tan cruel?

El álbum fue escrito y grabado por la propia Catherine Anne Davies. Lo hizo durante esos años tan convulsos y ocupados, en los cuales supo encontrar consuelo e ideas para elaborar diversos proyectos mientras navegaba entre sus duelos. Las colaboraciones con Manic Street Preachers, Simple Minds y Bernard Butler fueron sustentos humanos que permitieron en parte el resurgimiento de la artista. Según cuenta ella misma: Gran parte del álbum fue editado y reelaborado en aviones y trenes mientras viajaba a través de Europa con Simple Minds. Fue un momento abismal para mí. La única manera de avanzar era seguir trabajando en horas robadas y en tránsito.

Estamos pues, ante un trabajo muy sincero, confesional, de corazón abierto. La portada del disco puede tener diversas interpretaciones, pero lo que parece muy evidente es el reflejo de un proceso doloroso de entrada y salida. Davies se refugia en la música para transitar, digerir y transformar su propio dolor. Tal vez sea una ironía decirlo, pero, aunque el dolor penetre y luego se expulse, nunca desaparece del todo, deja residuos, incluso después de su transformación artística. Ese dolor siempre formará parte de uno mismo, y sólo mejora cuando se transita hábilmente por él para aceptarlo, digerirlo y validarlo. La música y la lírica son, sin duda, dos de las herramientas que pueden reconvertir el dolor en arte, como es el caso.  

El álbum arranca con Moon Rise, un preludio suave de piano y cuerda que nos va introduciendo dentro de lenta retrospectiva emocional hasta llegar a Let It Hurt (deja que duela). El corazón está consternado de dolor, y se va abriendo, poco a poco, a través de sus arterias para dejar fluir el sufrimiento que lleva tiempo encerrado en sí mismo. El inicio de la canción marca esa pausada fluidez mientras la voz adquiere una cadencia casi temblorosa y lacrimosa.

Llegamos a la eclosión de The Exchange,con la voz de Davies cantando junto a James Dean Bradfield. Es un temazo que recoge la aflicción que ha ido goteando de ese corazón sangrante dentro de una especie de escarcela simbólica: No tienes la culpa / eres la otra parte del canje / sólo un peón para intercambiar de nuevo. El final del tema recuerda a ese sonido lejano y en suspensión al más puro estilo de Robert Fripp.

De repente, surge Show Your Face, marcando un ritmo donde las punzadas liricas muestran al desnudo esa masculinidad tóxica y abusiva: Tienes el valor de mostrar tu cara / a la luz de lo que hiciste. Davies comenta sobre el tema: En ese momento yo estaba pensando mucho en lo difícil que es para las mujeres llamar a los hombres en el poder. En términos de los temas del álbum, es un tema que trata sobre la pérdida de la amistad, de la fe en la humanidad, como consecuencia de esa hombría dominante y venenosa … Las máscaras sociales y de género (hipocresías y empoderamientos) ocultan la verdadera realidad e identidad.

Inmediatamente después brota The Art Of Losing, una maravilla de canción que recuerda al legendario Bowie berlinés, con Brian Eno, ambos al frente de Low, Heroes y Lodger. La letra se inspira en las líneas poéticas de Dylan Thomas: La rabia contra la muerte de la luz. Nos describe una realidad donde perder es necesario para sobrevivir dentro de un océano de calamidades. Davies ofrece un magnifico desarrollo de registros líricos donde las diversas capas vocales enfatizan distintas fases emocionales. La melodía y los cambios de ritmo son una auténtica obra de arte.

Entramos en All Farewells Should Be Sudden, otra joya, donde todas las despedidas deben ser repentinas y no permanecer demasiado tiempo ancladas en nosotros mismos, porque nos llevan a la destrucción. El tema comienza con un principio de la artista conceptual Jenny Holzer (protégeme de lo que quiero). Las campanas finales reflejan una posible ascensión y esperanza.

Así es como todos llegamos a estar bien, All Shall Be Well, una canción suave donde el piano marca la cadencia del reposo, pero un ligero viento de fondo da a entender que la oscuridad se está evaporando. Estamos logrado extraer (Unravel) de nuestro interior toda esa negritud que nos impedía ver la luz. Davies lo cuenta con sus propias palabras: Me encerré en un armario para grabar la voz y capturar esa sensación de claustrofobia que sientes cuando no sabes a dónde girarEl tema arranca suave, pero a medida que avanza toma un aire más agudo con sus respectivos cambios.

Tras el viaje de depuración, llegamos a Paris, un espacio triste y acompasado donde no hay voces, pero sí un piano y cuerda que preparan una escena terrible. La composición parece surgir de un ambiente interior, con poca luz y mucha tristeza y temor. En el fondo pueden escucharse algunas voces indescifrables. Es el preámbulo de que algo muy turbio va a suceder.

El reloj marca ya las 5AM, el quid del álbum. Es la pieza más desgarradora del disco. La letra pone la piel de gallina: Son las 5 de la mañana / y ella está goteando por mis muslos / sangre roja goteando en la alfombra / en el hormigón / No puedo dormir / no puedo hablar. Sin duda, Davies narra la punzante experiencia de perder un hijo a través de un aborto espontáneo. Semen, vida, sangre, esperanza y perdida, se juntan trágicamente en una fracción de tan solo 4 minutos y 2 segundos. Estremecedor.

Tras la dura experiencia llegamos a The Heart is a Lonesome Hunter, donde el corazón se erige como un cazador solitario. El titulo viene de un poema del escocés William Sharp: ¿Qué son todas las canciones para mí, ahora, a quién ya no le importa cantar?  Mi corazón es un cazador solitario que caza en una colina retraída. Pero al mismo tiempo la canción tiene esa connotación shakesperiana: Nadie sabe cerrar el cielo que lleva hasta ese infierno.

Son confidencias que lentamente terminan saliendo a la luz en My Confessor. Un tímido y misterioso inicio da paso a una Davies que, a modo de tema Bond, desata un oleaje de registros que claman que este mundo es el que vivimos. Llegamos a With The Boys, donde se explora la visión patriarcal bajo un sonido tembloroso y contrapuesto con una feminidad lírica a lo Kate Bush. Un piano orgánico marca el tempo detrás de un fondo ecográfico suspendido. El tema se cierra con las voces lejanas de unos niños correteando por alguna parte. Según The Anchoress, es una canción sobre el precio de hacer negocios en este mundo: Tengo que saber para qué son los moretones.

Y después de todo alcanzamos Moon (An End) bajo una tenue y blanca luz. El fin es el principio y éste aquél. Se cierra el círculo. El dolor ha sido expiado. Unos rumores femeninos canturrean insertos en una línea electrónica de sintetizador plano, como símbolo late el resto de un dolor que se va diluyendo hasta desaparecer. La catarsis se ha completado.

Al respecto cabe recordar una entrevista con el poeta galés Patrick Jones, la escritora Kat Lister (NME) y el editor en jefe de Empire, Terri White, donde reflexionaban sobre los motores que empujaban a los músicos hacia la necesidad de crear con el fin de purgar sus propios miedos y perdidas. Sobre ello, Davies comentó: No creo que la realización del álbum haya presentado nuevas soluciones, pero llegué a la certeza segura de que había que seguir adelante a pesar de todo. El álbum termina conmigo diciéndome a mí misma: por una vez en tu vida deja ir todo este dolor.

Concluyendo. Estamos ante un álbum que plasma el dolor visceral a través de un sonido confortable, íntimo e inteligente, donde la vida de la artista, tantas veces truncada por las pérdidas personales y los hechos traumáticos, casi la conducen a su propia destrucción anímica. Sin embargo, aunque profundamente afligida, Catherine supo lanzar a tiempo su ancla y detener el naufragio, enfrentándose valientemente a su trágica angustia, escribiendo y componiendo lo que de momento es su mayor obra, es decir, reconstruir su maltratado Yo y aprendiendo a dominar el difícil arte de perder.  

Nada mejor que terminar el análisis con las propias palabras de Catherine Anne Davies quien considera The Art Of Losing como su The Holy Bible: No puedo evitar pensar en narrativas novelísticas, pero todas las secciones liricas e instrumentales del disco proporcionan tramas perfectamente unidas por hilos emocionales. Con el disco quería plasmar las sensaciones y giros caóticos que suceden en tu mente cuando pasas por un trauma, la fragmentación que ocurre en tu propio sentido, además del tiempo y la forma en que experimentas las pérdidas. La forma en que tu memoria elimina enormes franjas de cronología. Musicalmente, quería presentar un poco de sentido al oyente sobre lo que se siente pasar por un trauma. La pérdida se calcula tanto en su crudeza como en su energía propulsora.

Carlos Flaqué Monllonch (KarlFM)

Articulo original publicado en Crazyminds